El canto de Víctor Jara es un pedazo de Chile, del Chile de Neruda, de Violeta Parra, de Salvador Allende, del Chile que fue capaz de construir la unidad de su pueblo y de echarse a caminar por el difícil, pero hermoso camino de la verdadera independencia.
Sus canciones son crónicas de su tiempo, pensamiento profundo o arma de combate. Su voz la de los campesinos, de los obreros de nuestra país. Su risa la del hombre sencillo que encuentra la felicidad en la lucha diaria, paciente y anónima por transformar la vida, por entregar un mundo más hermoso a los que vendrán a tomar su lugar, su bandera y su guitarra.
¡Qué equivocados los que creyeron que se puede matar a un cantor popular! No hay prisión ni muerte que calle el canto de los que luchan y Víctor se ha multiplicado en miles de voces y manos, en miles de puños que golpearon a sus verdugos y sobre todo, en miles de conciencias que saben que la conquista del futuro socialista es una tarea dura, pero irrenunciable.
Jorge Coulon INTI-ILLIMANI
VICTOR, EL CAMPESINO
Víctor fue amasado con barro Ñublense. Nació en Chillán, como Violeta, como Rolando... Pocos cantaron como él al campesino y a su arado, al campesino y a su lucha, al campesino y su esperanza. Su afán de vuelo le llevó a Santiago, y en la gran ciudad fue maestro giutarrero; muchos nacieron al canto en su Academia de Ñuñoa. Y fue también acaparador de premios y medallas en los escenarios. Y estuvo cantando, bailando y tocando con sus "Concumenes"... Y llegó a la población, mutando la desesperanza del obrero en himno de alegría combatiente... Y entregó al "Quilapayún" el andamiaje macizo que les define... Y en la universidad fue el conductor de toda una generación de jóvenes cantores... Y viajó por el mundo acumulando vivencias... Y estuvo en todos los rincones de su Patria cantando al campesino y al minero, al hombre del petróleo, a la compañera de la fábrica, al pescador, al pirquinero... ¡y triunfó con ellos un 4 de septiembre!
Y estuvo en la dura jornada de tres años... Y empujó la pala en el trabajo voluntario... Y levantó su voz como bandera en el ancho río de las manifestaciones populares... Y bebió de la chicha dulzona de las fondas dieciocheras... Y encumbró con Juan Pueblo el volantín risueño de sus alegrías... Y bailó la cueca del amor con su Joan londinense... ¡Y cantó a sus hijas el arrorró de la ternura haciéndolas soñar con una Patria liberada...!
Y cuando llegó le negra noche del fascismo desatado, estuvo en la primera línea de un combate que no llegó a librarse.
Y cayó en septiembre, como Neruda y como Allende, como María Siempreviva y como Juan Pueblo masacrado.
... ¡Pero su voz no tendrá ataúdes ni hornos crematorios, ni cárceles oscuras ni campos alambrados!
Su voz y su guitarra continúan la lucha, siguen vivas buscando la victoria. Y volverán también como banderas cuando la Patria recobre su alegría.
René Largo Farías
Víctor Jara, asesinado por la dictadura chilena, Benjo Cruz, caído durante su participación en la guerrilla boliviana de Teoponte, Jorge Salerno, uruguayo fusilado cuando la toma de Pando, son símbolos vivos de la imposibilidad del enemigo imperialista por acallar la voz colectiva de nuestros pueblos latinoamericanos. "Hay músicos que sólo aman su música" - dijo una vez la compañera Haydée Santamaría y agregó lo que es cierto para Víctor, Jorge y Benjo -: "y músicos que aman al pueblo". A este grupo de voces pertenece Víctor Jara, a quien conocí, con quien canté, con quien sostuve diálogos y discusiones desde el punto de canto de cada uno, unidos en el objetivo común de buscar otra humanidad.
Daniel Viglietti
[these writings were first used as liner notes on Discos Pueblo DP1013, Manifiesto, Mexico, 1975]