CANTOR DEL PUEBLO
A medida que pasa el tiempo, la vida y la obra de Víctor Jara va creciendo, esparciéndose por el mundo y conociéndose cada vez más. Con su obra, nos legó un cuadal de vivencias, de emociones, de temas profundos y bellos.
Con su vida, nos entrega el compromiso irrenunciable de lucha y honestidad. Vida y obra muestran una consecuencia completa consigo mismo y con las luchas de su pueblo. Es esa coherencia y vinculación con el pueblo la que le da su magnitud y grandeza.
Víctor Jara es vocero de la lucha del pueblo por la simple y natural razón de ser parte de él. Víctor no pertenecía a ese tipo de hombres que "van a buscar a su pueblo". Su origen campesino le impide sentir distancia alguna con el pueblo.
A los primeros años de búsqueda en el teatro se inicia su actividad musical con el conjunto folklórico "Concumén". La música folklórica ya la llevaba desde niño con los primeros "toquíos" de guitarra y las canciones que oyó de su madre, una cantora campesina.
Por los años 60 compone su primera canción: "Palomita verte quiero", canción amorosa y tierna. La canción de amor en la obra de Víctor ocupa un importante lugar, y es en ese tema, tan trivializado por la música comercial, donde nos muestra nuevos aspectos: el amor como compromiso, como desinterés, como lucha, como sacrificio en "Te recuerdo Amanda"; o la pasión ardiente en "Deja la vida volar". Una nueva concepción de la relación amorosa en una sociedad más justa se refleja en "Cuando voy al trabajo", donde el recuerdo de la amada lo genera la compañera, con la que se construye en el amor y en el porvenir.
Y cuando hablamos de la canción de amor, diremos que Víctor hacía no sólo canciones a la mujer, como se ha cantado siempre, sino que nos entregó maravillosas canciones de amor al trabajo, a la tierra, a la lucha. Un amor profundo y universal, expresado siempre con sencillez y poesía.
Su sensibilidad y conciencia se prenden de los aspectos más naturales y elementales de la vida. El trabajo como necesidad humana social lo hace cantar a las cosas simples, pero maravillosas, que han transformado al hombre.
Su sangre campesina canta al arado, a la pala, al martillo. Modestas herramientas necesarias al hombre y sin las cuales jamás habría construido este mundo de tecnología. El hombre hace la herramienta y ésta hace al hombre. Los oficios humildes, rudos y llenos de silenciosa grandeza son los temas dignos de cantarse para quien ama y se identifica con su clase.
Víctor logra en sus canciones algo verdaderamente difícil de lograr: atmósfera. Esa atmósfera es el resultado de la adecuación entre la forma musical y el contenido poético. Irradian una mística elemental. Mística hacia el trabajo, mística hacia la lucha, mística hacia la vida...
Su canto penetra en el ámbito del trabajo y del trabajador hasta topar con la injusticia, es decir, con la explotación. La "Canción del Minero" o su "Plegaria an un Labrador" no sólo son canciones de denuncia, sino verdaderas herramientas de lucha. Nacen como resultado de la lucha que la clase trabajadora daba en Chile. Víctor absorbía esas condiciones y entregaba la canción necesaria al momento de lucha que se desarrollaba.
Jamás panfletario, su canto va ditigido de una manera clara y simple hacia su objetivo. No elude el fondo de las cosas y cuando denuncia, no se detiene ante nombres: "...usted señor Pérez Zujovic..." reclama valientemente ante la matanza de "Preguntas por Puerto Montt". Si se trata de participar con su canto en las "poblaciones", su música se empapa con la misma lluvia que moja la intemperie de los sin techo, y así nace la "Herminda de La Victoria" de La Población.
La indignación y la denuncia fueron armas de su canto y los enemigos de su pueblo fueron acumulando rencor por las conquistas de los trabajadores y las canciones de Víctor... y él sabía y sentía todo ese odio del enemigo. Que no es "Ni chicha ni limonada".
Muchas de sus canciones son premonitorias. No se trata de una clarividencia sobrenatural, sino de la conciencia de la realidad y de su profundo compromiso de lucha, de su militancia llevada hasta sus últimas consecuencias.
Esto es lo que se siente en las postreras canciones, como "Vientos del Pueblo" donde hermanándose con otro poeta del pueblo español, Miguel Hernández (también víctima del fascismo), canta con desesperación y angustia impotente, la inexorable lucha que se avecina y su pacto de sangre con el pueblo. Ese pacto lo define conmovedoramente en su canción-testamento "Manifiesto". Quien la escucha siente que la emoción le anuda la garganta ante tan simple, hermosa y permanente verdad:
"Canto que ha sido valiente, siempre será Canción Nueva".
La Nueva Canción Chilena y Latinoamericana asciende con este canto a un nivel superior, conquistado con la sangre de los trabajadores chilenos, en cuyo caudal se funde la del compañero Víctor Jara: Cantor del Pueblo.
RENE VILLANUEVA S.
Los Folkloristas, México